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Introducción

Desde principios de siglo, el sistema canovista manifiesta graves problemas, con crisis periódicas que sacudieron el país. Los síntomas del mal funcionamiento eran la inestabilidad política, la fragmentación de los partidos dinásticos y la gestión política del rey.

La inestabilidad política derivaba de los continuos cambios de gobierno y la brevedad de los gabinetes ministeriales, ya que, entre 1902 y 1923, sólo cinco gobiernos duraron más de un año.

La fragmentación de los partidos dinásticos se manifestó en los enfrentamientos por el liderazgo después de la muertes de Cánovas (1897) y de Sagasta (1903). En el partido conservador pugnaron Silvela, Maura ---líder desde 1903--- y Dato ---al mando desde 1912---, mientras que Moret, Canalejas y Romanones se disputaban el liderazgo liberal.

La acción política de Alfonso XIII supuso que el jefe del Estado interviniera en la vida política española. Se extralimitó en sus funciones y gestionó de manera imprudente e irresponsable los asuntos de gobierno, actos que acabó pagando con el exilio en 1931.

Estos síntomas manifiestan los problemas de fondo del régimen creado por Cánovas del Castillo. El sistema político se asentaba en el fraude electoral y la exclusión de toda la oposición política e ideológica. Los carlistas, republicanos, socialistas, anarquistas, nacionalistas vascos y catalanes quedaron fuera del sistema. El pucherazo y el bipartidismo provocaron la desmovilización política de gran parte de la población española, que no se identificó con unos políticos elitistas y de extracción social aristocrática y burguesa. Este problema político conecta con otras contradicciones: el problema o cuestión social, el problema regional que gira en torno a las diferentes concepciones del Estado y la articulación administrativa de España, y el militarismo o el afán del ejército por intervenir en la vida política.

Estas contradicciones, con su conflictividad social, política e ideológica, estallaron en diferentes momentos de crisis; en 1898 con la pérdida de las últimas colonias, en 1909 en la insurrección popular de la Semana Trágica, en 1917 con la crisis parlamentaria y militar, para concluir con la continua y abrumadora conflictividad social entre 1917 y 1923. Estos jalones muestran el paulatino hundimiento del sistema a pesar de los diversos intentos de solución. Desde dentro del régimen de la Restauración, el reformismo dinástico o regeneracionismo de los gobiernos Canalejas y Dato fracasa durante la Semana Trágica. La oposición obrera muestra su fuerza con los instrumentos a su alcance (huelgas, manifestaciones, acción sindical) durante los momentos clave de 1909 y de 1917 ---ahora con el ejemplo de la triunfante revolución soviética en Rusia--- Desde la periferia, nacionalistas vascos y catalanes plantean sus propias soluciones que fluctúan entre un modelo de Estado descentralizado y la amenaza del separatismo.

La crisis de 1898 mostró al bloque social y político dirigente la necesidad de reformar o regenerar el sistema para que pudiera subsistir. Las soluciones reformistas fueron defendidas desde posiciones intelectuales y desde la acción de gobierno. El fracaso de las propuestas regeneracionistas dio paso a una sucesión de crisis que desembocó en un primer intento de solución: la dictadura militar de Primo de Rivera. Su incapacidad hundió definitivamente la Restauración en 1931. La Segunda República nacería como otra vía de arreglo a los problemas seculares de España, basada por una parte en principios democráticos, defendidos por los partidos republicanos y nacionalistas, y por otra en doctrinas revolucionarias, socialistas, comunistas y libertarias.