El espacio o paisaje rural

Introducción

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Tradicionalmente, en el espacio rural se han desarrollado las actividades económicas del sector primario: la agricultura, la ganadería, la explotación forestal. Desde finales del siglo XX se han incorporado tareas del sector terciario —la función residencial, el turismo y otra serie de servicios— y del secundario, ligadas éstas a la industria agroalimentaria.

El paisaje agrario o rural

El paisaje o espacio agrario está integrado por cuatro elementos fundamentales:

  • el espacio cultivado o ager;
  • el espacio inculto o saltus, que comprende los bosques, los pastizales y prados;
  • los asentamientos o el hábitat, es decir, los lugares donde residen los habitantes del medio rural (pueblos, aldeas, masías);
  • las carreteras, los caminos, senderos y demás integrantes de la red viariainfluyen una serie de factores físicos y humanos ligados a la actividad económica. Entre los factores humanos y económicos de un paisaje rural destacan la población activa, la propiedad de la tierra y la parcelación, la explotación y el régimen de tenencia, las técnicas agrícolas, el hábitat rural y los sistemas de cultivo. El clima, el relieve, los suelos y la litología son los factores físicos.

 


Factores humanos y económicos del paisaje agrario.

Población activa agraria

Las actividades agrarias dan empleo a menos de un millón de personas que, en su mayoría, tienen edades superiores a 55 años. Aunque en los últimos tiempos ha crecido ligeramente la proporción de asalariados menores de 35 años, este leve cambio de tendencia no es suficiente para impedir el progresivo envejecimiento de la población agraria y el despoblamiento de los espacios rurales.

La población rural ha descendido desde principios del siglo XX, cuando predominaba en el conjunto de España, hasta la actualidad en que apenas representa un 7% del total. Este proceso de despoblamiento se aceleró con el éxodo rural que se produjo entre 1955–1975, la mecanización de las tareas agrícolas expulsó mano de obra, que hubo de emigrar a la ciudad, a la industria y a Europa.

Todavía existen diferencias entre zonas en las que la población agraria supera el 14%, como Andalucía, Galicia y Extremadura, y otras regiones en las que apenas llegan al 1%, como sucede en Madrid y el País Vasco.

Propiedad de la tierra

En España la gran propiedad o latifundio superior a 100 hectáreas supone el 50% de las tierras y el 0,8% de los propietarios. Predomina en Andalucía occidental, Extremadura, Castilla-La Mancha y Aragón. El origen de esta forma de propiedad se halla en la Edad Media, durante la Reconquista de los territorios de Al-Andalus que las Coronas de Castilla y Aragón iban incorporando a sus dominios; para facilitar su pronta repoblación, los monarcas repartían las nuevas adquisiciones entre la nobleza y las órdenes militares.

El latifundio ha generado graves problemas sociales y económicos como fueron el absentismo de los propietarios, bajos rendimientos agrarios, gran número de jornaleros sometidos a una dura explotación laboral (paro estacional, hambre, miseria, analfabetismo). En las últimas décadas, la mecanización y las inversiones de los propietarios han transformado estas propiedades en grandes empresas capitalistas.

La pequeña propiedad o minifundio —inferior a 10 hectáreas— afecta al 10,5% de las tierras que, sin embargo, se reparten el 52,3% de los propietarios. Predomina en el norte peninsular (Galicia, Asturias, Cantabria, León) y en la Comunidad Valenciana. Su pequeña extensión dificulta la mecanización de las tareas agrícolas, facilita al campesino el trabajo a tiempo parcial que complementa a otras actividades económicas principales (en la industria o en los servicios).

Entre el latifundio y el minifundio existe la mediana propiedad —entre 100 y 10 hectáreas— que se localiza en el País Vasco, Navarra, La Rioja, Gerona, Andalucía oriental y Castilla-León (Palencia, Zamora y Valladolid).

Explotación de la tierra y régimen de tenencia

El régimen de tenencia es el grado de dominio sobre la tierra, absoluto si coinciden propietario y trabajador (cultivo directo) y limitado si no sucede así.

En España predomina el cultivo directo (74%) en el que el propietario cultiva sus tierras, bien en solitario o con la ayuda de su familia, o bien mediante la contratación de mano de obra asalariada. Existen dos formas habituales: la explotación familiar cuando la mano de obra procede de la propia familia y el jefe de explotación es el cabeza de familia, y la gran propiedad o latifundio en la que el dueño de la tierra asume la gestión de la tierra, pero no la cultiva, sino que contrata personal asalariado o jornaleros.

En el régimen de arrendamiento el propietario alquila la tierra a un campesino arrendatario, que paga un alquiler en dinero.
En la aparcería el propietario aporta la tierra y cede su explotación a un aparcero, quien aporta los aperos, maquinaria y trabajo de la tierra, la cosecha se la reparten trabajador y propietario a partes iguales o en un porcentaje.


El poblamiento rural

El hábitat o poblamiento rural es el modo de agrupación de los asentamientos humanos en el espacio agrario. En España se consideran municipios rurales aquellos núcleos de población inferiores a 10.000 habitantes. Sin embargo, en el sur peninsular existen las denominadas agrociudades en las que predominan las actividades agropecuarias aunque podrían ser consideradas ciudades por el número de habitantes.

La tipología del poblamiento rural gira en torno a dos modelos: concentrado y disperso. En el hábitat rural concentrado los campesinos viven en casas agrupadas en aldeas o pueblos y los campos de labor se localizan alrededor del núcleo de población. El plano puede ser apiñado —con las casas dispuestas alrededor de un núcleo, con trazado irregular— o lineal —edificios a lo largo de una carretera o vía de comunicación.

En el hábitat rural disperso la vivienda del campesino se sitúa en cada explotación agraria, son las típicas masías catalanas, los cortijos andaluces y las barracas valencianas.

Las transformaciones recientes muestran una reducción del tamaño de los pueblos debido al éxodo rural acaecido durante la segunda mitad del siglo XX. En las zonas de montaña algunos pueblos quedan abandonados cuando los últimos habitantes fallecen.

En la costa mediterránea, el turismo modifica el entorno rural con la construcción de urbanizaciones, hoteles y dependencias urbanas y hace que se pierda el carácter tradicional agrario del lugar.

En las áreas de las periferias urbanas el crecimiento demográfico y económico provoca la expansión de la ciudad y la incorporación de núcleos rurales al espacio urbano. Otros pueblos rurales, los más alejados y con valores ecológicos y paisajísticos, reciben usos residenciales y recreativos para la población de las ciudades.

 

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Campos abiertos y campos cerrados

Una explotación agraria suele estar divididas en varias parcelas. Cuando la separación entre parcelas está vallada (setos y vallas) se habla de campo cerrado (\textit{bocage). Dificulta la mecanización y modernización de las labores agrícolas.

Si las parcelas no tienen separación física entre ellas, permitiendo el libre paso de agricultores y maquinaria, se habla de campos abiertos (\textit{openfields). Facilitan la introducción de la maquinaria agrícola y las inversiones para modernizar la explotación. La concentración parcelaria consiste en unir las diferentes parcelas de una explotación o, incluso, las de varias explotaciones contiguas; en España este proceso se inició en 1953.

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Tierras de secano y de regadío.

En España las tierras dedicadas a cultivos, prados y pastos (Superficie Agrícola Utilizada —S.A.U.—) suponen más de 25 millones de hectáreas, es decir, el 53% de la superficie rural (los bosques un 34% y los yermos un 12%), que, a su vez, es el 96% del territorio.

En el secano las tierras de cultivo no reciben más agua que la de lluvia. En España suponen más de 15,3 millones de hectáreas. El resto se destinan al regadío, unos 3 millones de hectáreas. Desde 1975, la superficie de las tierras cultivadas ha disminuido en un total de 2,2 millones de hectáreas, todas ellas de secano. Esta reducción se ha debido al abandono de las tierras menos productivas (tierras marginales, de montaña en su mayoría) y a la Política Agraria Común que incentiva este proceso con el objetivo de recortar el excedente comunitario de producción agraria.

En el regadío los campos, además del agua de lluvia, reciben el agua aportada artificialmente por el agricultor a través de acequias y modernos sistemas de riego como la aspersión y el goteo. Con el riego por inundación el agua se distribuye por toda la superficie cultivada, una parte se despilfarra por exceso de aporte, además se pierde la que se filtra y la que se evapora. El riego por aspersión conduce el agua a través de tuberías a alta presión hasta los mecanismos de aspersión y la proyecta sobre el suelo a modo de lluvia artificial. En el sistema por goteo cada planta recibe, a través de un tubo con orificios, el suministro de agua, nutrientes y productos fitosanitarios que necesita en cada momento; se ahorra agua y se reduce el aporte de nitratos al suelo agrícola.

Los sistemas de regadío se localizan en las riberas de los ríos, por la cercanía del agua, que se transporta a través de canalizaciones desde los embalses y acequias, también se considera regadío cuando el agua proviene del subsuelo, extraída mediante pozos que perforan las corrientes subterráneas.


Agricultura intensiva y extensiva

La distinción entre ambas radica en la proporción que en cada caso tienen los tres elementos constituyentes de la producción agraria: tierra, capital y trabajo. En la \textbf{agricultura extensiva predomina el factor tierra sobre los otros (capital, trabajo, maquinaria). Si nos atenemos a los factores poco capital y escasa mano de obra (trabajo) y los rendimientos derivados, diríamos que una explotación es extensiva cuando la inversión es reducida en capital y mano de obra, y, por tanto, los rendimientos escasos. Ejemplos de estas prácticas son el secano y el regadío extensivo, ambos con cultivos similares y única cosecha anual pero de mayores rendimientos en la segunda actividad.

Un sistema intensivo se caracteriza por invertir mucho capital y ocupar mucha mano de obra en sus explotaciones. Por ejemplo, la huerta del litoral mediterráneo español. Los regadíos intensivos, al aire libre o en invernaderos, proporcionan varias cosechas anuales en árboles frutales, hortalizas y algunos cultivos tropicales. El regadío es una pieza fundamental del sistema agroalimentario español. Ocupa solamente el 13% de la superficie agrícola útil de España y aporta más del 50% de la producción final agraria. Una hectárea de regadío produce, por término medio, unas seis veces lo que una hectárea de secano y genera una renta cuatro veces superior.

Aprovechamientos agrícolas: los cultivos

Los cultivos arbóreos (olivos, almendros, árboles frutales) aunque solo dan una cosecha anual duran muchos años en la plantación. Sucede igual con los arbustivos —aquellos que presentan una parte leñosa en el tallo— como la vid, el girasol, el algodón, la caña de azúcar y el maíz. Los cultivos herbáceos son plantas que se siembran anualmente y desaparecen tras la cosecha: cereales, leguminosas, patatas y hortalizas.

Sistemas de cultivo

En el monocultivo sólo hay una planta en explotación. Por ejemplo, las grandes plantaciones de azúcar, café o cacao de Centroamérica, y en España, los campos de cereal o de almendros. En el policultivo se cultivan varias plantas diferentes en una misma explotación. En el cultivo promiscuo se entremezclan en un mismo campo varias especies vegetales; esta modalidad procede de Italia, donde son frecuentes las asociaciones de cereal, vid y almendro, por lo general son plantas de carácter permanente —arbóreo o leñoso— que se combinan con otras herbáceas o con tubérculos. En Navarra y el País Vasco, por ejemplo, es frecuente observar parcelas donde se cultivan bajo este sistema maíz, alubia y nabo, entre las hileras del maíz se plantan los nabos, mientras que las alubias se enredan aprovechando los propios tallos del maíz o cañas instaladas al efecto; en el medio mediterráneo la vid y el olivo tienden a formar asociaciones promiscuas.

La rotación de cultivos ha sido una técnica utilizada desde antaño, sobre todo en las explotaciones cerealistas, para facilitar la recuperación de las tierras de cultivo. En la rotación de cereal (trigo o cebada) con leguminosas (lentejas o garbanzos) no se deja descansar la tierra en ningún momento, por lo que puede provocar fenómenos de agotamiento de los suelos. Este tipo de cultivo intensivo es propio de zonas con precipitaciones abundantes. En ambientes mediterráneos es más frecuente introducir en las rotaciones el barbecho para recuperar la tierra, practicando de esta manera una agricultura extensiva.

La rotación trienal de cereal de invierno, cereal de primavera y barbecho es el sistema más habitual porque compagina la recuperación de la tierra con un buen número de cosechas (dos cada tres años).


Factores físicos del paisaje agrario

El clima

Cada planta necesita una temperatura y una humedad específicas para vivir. La temperatura idónea para la germinación y crecimiento de los cultivos oscila entre 0\textdegree C y 10/20\textdegree C.

La humedad que necesitan los cultivos procede de fuentes naturales, sin intervención humana, como son las lluvias en la España húmeda (Galicia, cornisa cantábrica, franja pirenaica).

En la España seca, que supone el 77,5% del suelo agrario, se practica una agricultura de secano adaptada a la escasez de precipitaciones en el campo español.
Los ríos, los pozos y las aguas subterráneas permiten el aporte de recursos hídricos en la agricultura de regadío. En la actualidad aumentan los problemas medioambientales de la sobreexplotación de estos recursos, debido a la salinización de los acuíferos en la costa y el agotamiento y hundimiento de los acuíferos.
La agricultura utiliza el 80% del consumo de agua potable.

El relieve y el suelo

Las zonas aptas para el cultivo son las llanuras y los valles. Las pendientes cuando superan el 10% de inclinación, se cultivan mediante el sistema de abancalamiento o terrazas que facilita el aprovechamiento de las aguas de lluvia y reduce el impacto de la erosión. Son las primeras zonas que se dejan de cultivar por los bajos rendimientos y las dificultades para su cultivo. La pendiente inferior al 5% de inclinación es la mejor para la agricultura, sólo un 12% del total de suelo español está por debajo de esta pendiente.

La altitud óptima para los cultivos se sitúa entre 0 y 200 metros sobre el nivel del mar, en España supone apenas el 11% del suelo; en algunas zonas agrarias, este porcentaje es menor (Extremadura, Castilla, Valle del Ebro, entre 0 y 2%, en el litoral mediterráneo, el 8%. Cada 200 metros, la temperatura desciende 1,2\textdegree C de promedio. Además el relieve montañoso dificulta el cultivo y la mecanización.

Los suelos de baja fertilidad agrícola son los de origen y litología silícea, su baja fertilidad se debe a su acidez; los calizos tienen una fertilidad media, y los de mayor fertilidad son los arcillosos.


Política Agraria Común

Introducción

España como miembro de la Unión Europea (UE) desde 1986 forma parte de un mercado común agropecuario al que destina el 75% de las exportaciones y del que importa el 60% de alimentos —cereales, carnes, bebidas— y asume la Política Agraria Común (PAC).

Estaagro004.png política comunitaria pretende conseguir la autosuficiencia en producción agraria, mejorar la productividad del sector y asegurar a los consumidores el abastecimiento de alimentos a precios razonables. Fomenta el respeto al medio ambiente en la producción agrícola y el desarrollo del mundo rural.

La Unión Europea destina el 34% del presupuesto al desarrollo de estas medidas (cada ciudadano aporta dos euros a la semana para financiarlas), cifra considerablemente inferior a los datos de la década de los 80 cuando el gasto en agricultura se acercaba el 70%.

Orígenes históricos.

La PAC se remonta a los años 50, en una Europa occidental cuya población estaba marcada por los años de guerra y en la que la agricultura había quedado paralizada y el abastecimiento de alimentos no podía garantizarse. Los objetivos de esta primera PAC pretendían, en primer lugar, fomentar la mejora de la productividad agrícola de forma que los consumidores dispusieran de un suministro estable de alimentos a precios asequibles y, a continuación, garantizar la viabilidad del sector agrícola del entonces denominado Mercado Común Europeo. La PAC ofrecía subvenciones y sistemas que garantizaban precios elevados a los agricultores proporcionando incentivos para que produjeran más. En este sentido, se concedían subsidios a las inversiones agrícolas para favorecer el crecimiento de las explotaciones y aplicar las novedades tecnológicas en la gestión. También se daban ayudas para la jubilación anticipada, la formación profesional y en apoyo de las regiones más desfavorecidas.

A partir de los años 80, la PAC alcanzó su objetivo de hacer evolucionar a la UE hacia la autosuficiencia. Sin embargo, la UE tuvo que enfrentarse también con excedentes casi permanentes de los principales productos agrícolas, algunos de los cuales se exportaron (con ayuda de subvenciones), mientras que otros tuvieron que ser almacenados o eliminados. Estas medidas supusieron un coste presupuestario elevado, provocaron distorsiones en los precios en los mercados mundiales y se hicieron impopulares entre consumidores y contribuyentes. Al mismo
tiempo la sociedad se iba preocupando cada vez más por el desarrollo sostenible de la agricultura y de su relación con el medio ambiente.


La PAC desde 2007.

España recibió, entre los años 2007-2013, una ayuda de 7.213 millones de euros para aplicar las directrices de la Política Agraria Común.

En el verano 2013 se consiguió un acuerdo político entre la Comisión, el Parlamento Europeo y el Consejo sobre la reforma de la PAC para el periodo 2014-2020. Se mantiene la estructura que se estableció en 2007 y se añaden dos instrumentos básicos: medidas anuales obligatorias de aplicación general (ayudas directas y disposiciones de regulación del mercado) y medidas voluntarias adaptadas a las especificidades nacionales y regionales (ayudas al desarrollo rural).

La Unión Europea presta especial atención en los últimos años a las demandas del consumidor. La PAC pretende mejorar la calidad de los alimentos europeos, garantizar la inocuidad alimentaria, procurar el bienestar y el desarrollo de la sociedad rural, fomentar la agricultura ecológica, asegurar la protección del medio ambiente en beneficio de las futuras generaciones y mejorar las condiciones sanitarias de los animales y su bienestar. Conseguir todos estos objetivos debe hacerse con un coste mínimo para el presupuesto comunitario (que está financiado principalmente por los contribuyentes, es decir, por los ciudadanos de la Unión Europea).

Agricultura de mercado

Desde principios del siglo XXI la Unión Europea orientó la agricultura comunitaria hacia el mercado: mejora de la competitividad, adaptación a la demanda y restricción de las ayudas económicas. Los agricultores ya no obtienen las ayudas simplemente por producir alimentos, producen según lo que necesita el mercado y que les sea más rentable; antes, cuanto más producían, más subvenciones recibían, ahora, la inmensa mayoría de la ayuda a los agricultores se paga independientemente de cuánto produzcan. Con el nuevo sistema, los agricultores siguen recibiendo ayudas directas a la renta para mantener la estabilidad de sus ingresos pero se ha eliminado el vínculo de las ayudas con la producción. Además, los agricultores tienen que respetar una serie de normas medioambientales, de inocuidad de los alimentos, de sanidad vegetal y de bienestar de los animales.

Mejorar la calidad de los alimentos

La UE protege la calidad de los alimentos de muy diversas formas, por ejemplo mediante medidas para mejorar la salubridad e higiene de los alimentos, normas de etiquetado, reglamentos sobre sanidad animal y vegetal y sobre bienestar de los animales, control de los residuos de plaguicidas y aditivos en la alimentación, y también a través de la información nutricional. El enfoque de la UE prevé la aplicación de sistemas rigurosos de control y seguimiento y garantiza al mismo tiempo el funcionamiento eficaz del mercado único europeo.

La PAC siempre ha contado entre sus objetivos la mejora de la calidad de los alimentos, que se remonta a la creación de la etiqueta de calidad del vino en los años 80 y que luego ha continuado en los sectores del aceite de oliva y de las frutas y hortalizas. Esta voluntad de calidad forma ahora una parte fundamental de la política agrícola. En todos los ámbitos de la PAC se intenta mejorar la calidad de los alimentos. Como ejemplo de estas medidas pueden citarse los siguientes:

  • Sistemas de identificación del ganado vacuno y normas de etiquetado. Facilitan la trazabilidad o seguimiento completo de la carne desde la explotación pecuaria de la que procede hasta el lugar de venta al público.
  • Incentivos económicos para que los agricultores para que mejoren la calidad del producto.
  • Medidas para fomentar la reconversión hacia la agricultura ecológica.

El carácter y la calidad excepcional de algunos productos se deben tanto a su lugar de producción como a los métodos utilizados para elaborarlos. Los consumidores y las empresas del sector alimentario están cada vez más interesados en el origen geográfico de los alimentos, y en la calidad de los ingredientes y los procesos de elaboración. Para atender estas demandas la UE ha creado tres \textbf{etiquetas de calidad con unos indicadores que ofrecen garantías a los consumidores acerca del origen y los métodos de producción:

Un producto que lleve el logotipo DOP (Denominación de Origen Protegida) habrá demostrado tener unas características que sólo son posibles gracias al entorno natural y a los conocimientos de los productores de la región de producción con la que está asociado.

Si un producto lleva el logotipo IGP (Indicación Geográfica Protegida) significa que posee una característica específica o una reputación que lo asocian a una zona determinada en la cual tiene lugar al menos una etapa del proceso de producción.

 

 

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El logotipo ETG (Especialidad Tradicional Garantizada) está destinado a productos elaborados con ingredientes tradicionales o que se han fabricado siguiendo métodos tradicionales.

La Unión Europea apoya a las empresas rurales y protege la etiqueta contra las imitaciones fraudulentas. En la primavera de 2007, la UE tenía registrados casi 750 productos con indicaciones geográficas, denominaciones de origen y especialidades tradicionales garantizadas. Además, en el mercado de la UE están protegidas casi 2.000 indicaciones geográficas de vinos y bebidas alcohólicas procedentes de la UE y de terceros países.

Otros aspectos relacionados con la inocuidad y calidad de los alimentos surgen de los Organismos Modificados Genéticamente (OMG) —plantas modificadas en su estructura genética para dotarlas de resistencia a plagas o conseguir mayores rendimientos. La legislación comunitaria sobre estos productos existe desde principios de los años 90 con la finalidad de proteger la salud de los ciudadanos y el medio ambiente; a la vez ha creado un mercado unificado europeo para la biotecnología aplicada a la agricultura y la alimentación. La Unión Europea analiza cualquier OMG o producto que contenga ingredientes de estas características (como el maíz, la colza o los microorganismos) y evalúa, antes de ser liberado en el medio ambiente o puesto a la venta, los riesgos que puede suponer para la salud humana y para el medio ambiente.

 

Protección y conservación del medio ambiente

La Unión Europea ofrece subvenciones y asesoramiento al agricultor para fomentar la agricultura ecológica y una serie de prácticas agroambientales que ayudan a proteger el medio ambiente.

Medidas agroambientales.

La reforma de la PAC en 2007 introdujo las ayudas financieras para los agricultores que adaptan sus prácticas agrícolas al cuidado del medio ambiente: reducir el número de insumos utilizados o el número de animales por hectárea de tierra, dejar las márgenes de los campos sin cultivar, crear estanques, plantar árboles y setos. Otro objetivo se centra en conseguir que los agricultores respeten las leyes medioambientales sobre la inocuidad de los alimentos y la sanidad animal y vegetal.

Uno de los pilares básicos de la política agraria incorporados en 2014 se fija como objetivos el fomento de la producción sostenible a través de medidas obligatorias beneficiosas para el clima y el medio ambiente. En este sentido, se introduce un pago ecológico («greening») para apoyar prácticas que optimicen la utilización de los recursos naturales. Asimismo se busca orientar mejor estas ayudas para fomentar el empleo y estimular el crecimiento económico concediéndolas únicamente a agricultores en activo y favoreciendo el apoyo a los jóvenes agricultores y a las zonas desfavorecidas.

Agricultura ecológica.

La agricultura ecológica es un método de producción que conserva la estructura y la fertilidad del suelo, fomenta un elevado grado de bienestar animal y evita el uso de productos autorizados en la agricultura convencional (plaguicidas sintéticos, herbicidas, fertilizantes químicos, estimulantes del crecimiento como los antibióticos) y organismos modificados genéticamente. Los agricultores utilizan técnicas que mantienen los ecosistemas y reducen la contaminación: rotación de cultivos, selección de especies vegetales y animales resistentes a enfermedades y adaptadas a las condiciones locales, cría de ganado en zonas al aire libre, con espacios abiertos y alimentación ecológica. En la transformación de los alimentos ecológicos sólo puede utilizarse un número muy reducido de aditivos y auxiliares tecnológicos.

Las normas de la UE garantizan la autenticidad de los productos agrícolas ecológicos dondequiera que se produzcan y aseguran que el etiquetado de los productos ecológicos es exacto. De esta forma se garantiza a los consumidores la calidad y fiabilidad de los productos ecológicos que adquieren.

La agricultura ecológica de la UE es uno de los sectores más dinámicos: en 2004 representaba cerca de 5,8 millones de hectáreas (el 3,5% de la superficie agrícola total) distribuidas en 150.000 explotaciones; en 2012 había aumentado al 5% y suponía una cifra similar en el mercado alimentario.

El logotipo ecológico de la UE, que puede ser utilizado por los agricultores y productores de alimentos ecológicos, indica que:
- Al menos el 95% de los ingredientes del producto han sido producidos con métodos ecológicos.
- El producto cumple las normas del sistema de control oficial.
- El producto lleva el nombre del productor, del transformador o del vendedor, así como el nombre y el código del organismo de inspección.

Desarrollo rural

Para frenar el proceso de despoblamiento del campo la política de Desarrollo Rural pretende aumentar los niveles de renta agraria. Las medidas que se financian tratan de conseguir la diversificación de la actividad económica de las zonas rurales, incrementar la competitividad del sector agrícola y forestal, la mejora del medio ambiente, el entorno rural y la calidad de vida.

Los agricultores y otros habitantes de las zonas rurales pueden beneficiarse de asistencia en aspectos como la formación en las nuevas técnicas agrícolas y en el cumplimiento de las normas comunitarias (protección del medio ambiente, el bienestar animal y la salud pública), ayuda a los jóvenes agricultores para que monten explotaciones, la modernización de los edificios y la maquinaria agrícola, creación de instalaciones de transformación alimentaria en las explotaciones, de modo que los agricultores puedan aumentar los ingresos que obtienen de los productos agrícolas.

El programa también ofrece subvenciones y asesoramiento para la agricultura en zonas montañosas, la renovación de los pueblos y equipamientos rurales, la promoción del turismo, la protección y conservación del patrimonio rural.

En la reforma iniciada en 2014 las políticas de desarrollo rural se integran en un marco estratégico común con otros fondos de la UE. También se potencia la investigación e innovación, las iniciativas agroambientales y las medidas orientadas a aumentar la competitividad, estimular el empleo y el espíritu empresarial.

Inocuidad de los alimentos

La UE intenta garantizar que los alimentos que consumimos sean inocuos, sanos y de un elevado nivel de calidad. La legislación comunitaria intenta prevenir y solucionar, si se desencadenan, crisis de seguridad alimentaria como, por ejemplo, la \textit{enfermedad de las vacas locas (EEB) y los piensos contaminados con dioxinas. La inocuidad de los alimentos comienza en la explotación agrícola de manera que las normas comunitarias se aplican \textit{desde la granja hasta la mesa, tanto si el alimento se produce en la UE como si se importa desde cualquier lugar del mundo.

Sanidad y bienestar de los animales

Si se pretende que los alimentos sean sanos, los animales de los que proceden han de serlo también. La UE considera prioritario conservar la salud de los animales mediante prácticas veterinarias correctas y evitar brotes de zoopatías contagiosas, como la fiebre aftosa, la peste porcina o la gripe aviar. Si surge un foco, éste es sometido a un cuidadoso seguimiento y se adoptan medidas para evitar su propagación. Todos los animales y productos de origen animal deben cumplir exigencias sanitarias muy estrictas antes de poder ser importados o comercializados dentro de la UE.

La legislación de la UE en materia de bienestar animal se basa en el principio de que los animales no deben ser sometidos a dolores o sufrimientos evitables. Esto se refleja en normas precisas sobre las condiciones en que deben criarse las gallinas ponedoras, los cerdos y los terneros, así como sobre las condiciones de transporte o sacrificio de los animales de granja. Estas normas se actualizan regularmente a la vista de últimos datos científicos y figuran entre las más estrictas del mundo.

Los estudios demuestran que los animales de granja están más sanos y producen alimentos de mejor calidad si están bien tratados.

Garantizar la inocuidad de los alimentos y unos niveles elevados de sanidad y bienestar de los animales no es sólo cuestión de normativas. La PAC ofrece incentivos económicos para mejorar los resultados en estos ámbitos porque estas medidas, aunque benefician a toda la sociedad, pueden entrañar costes considerables para los agricultores.


Actividades económicas en el espacio rural

Entre los usos del espacio rural siguen predominando los agrarios: agricultura, ganadería y explotación forestal. En las últimas décadas se han incorporado actividades tanto del sector terciario (turismo rural, función residencial) como del secundario (transformación agroindustrial).

El escaso peso sector primario en la economía española se refleja en el descenso continuo del empleo agrario, del 7% en el año 2000 al 4,1% en 2008 y en la escasa aportación al Producto Interior Bruto (2,45% en el año 2010).

La superficie agraria total (2010) se destina en su mayor parte a labores agropecuarias: tierras de cultivo (34%), pastizales (10,8%) y prados naturales (2,3%). Los terrenos forestales (36,9%) y los eriales (7,3%) quedan fuera de las actividades económicas. Los nuevos usos del suelo agrario —turísticos, residenciales y agroindustriales— ocupan un porcentaje creciente (8,7% en 2010, 8,3% en 2003).

La producción agrícola (productos vegetales), en el año 2011, aportaba el 62% de los 40197,3 millones de euros de la Producción Final Agraria (PAF) —que contabiliza el valor total de la producción agraria descontando los elementos utilizados en el proceso productivo. La aportación de la ganadería (productos animales) era del 37%. Aparecen diferencias territoriales ya que predomina la aportación ganadera en Galicia, la cornisa cantábrica y Cataluña mientras que la agrícola es mayor al sur del Sistema Central.

La agricultura

La agricultura tradicional se basaba en el policultivo, muchas veces con unos rendimientos que no superaban los umbrales de la subsistencia debido al atraso en las técnicas y los sistemas de cultivo que se empleaban. Si se obtenían excedentes se vendían en los mercados locales y comarcales.

En la actualidad, la agricultura moderna ha mecanizado la producción y se ha orientado hacia la economía de mercado. El incremento de los rendimientos permite que la venta en ámbitos nacionales y la exportación al extranjero, en especial de los productos hortofrutículas. Ha incorporado las nuevas técnicas agrícolas como el uso de productos químicos (fertilizantes, plaguicidas, herbicidas), la selección de semillas, los cultivos transgénicos, de invernadero, el regadío por goteo, hidropónico\ldots

El retroceso de la agricultura extensiva ha ido parejo al aumento de la \textbf{agricultura intensiva gracias a la disminución del barbecho en el secano y el incremento del regadío. El barbecho, práctica agrícola tradicional, consiste en dejar descansar la tierra durante un tiempo para que el suelo recupere la fertilidad. El uso de fertilizantes químicos hace innecesario este descanso y permite al agricultor mantenter en producción toda la superficie agraria.

La importancia del regadío

La importancia del regadío en la agricultura española ha aumentado considerablemente en las últimas décadas. A principios del siglo XX apenas se cultivaban 1,2 millones de hectáreas; en el censo agrario de 2009 se consignan 2,96 millones de hectáreas dedicadas al riego. Este crecimiento se ha visto favorecido por las mejoras técnicas (gota a gota, depuración de aguas residuales, aspersión) y por la construcción de infraestructuras hidraúlicas (embalses, trasvases y canalizaciones). La producción se destina al mercado —nacional y de exportación— y a la transformación agroindustrial.

Este sistema de cultivo no depende de los ciclos naturales del clima (tormentas, heladas, sequías). El aporte continuo de agua y el uso de abonos aumentan los rendimientos y, por tanto, la renta y el bienestar económico de los agricultores. De esta manera se pueden mejorar las dotaciones y servicios de los espacios rurales, se rompe la tendencia emigratoria e, incluso, llega una corriente inmigratoria de trabajadores para las tareas agrícolas.

Los problemas que genera se vinculan al uso del agua en un país en el que predomina el clima mediterráneo al sur de la Cordillera Cantábrica y de los Pirineos. La sobreexplotación de las aguas superficiales y subterráneas provoca efectos medioambientales negativos como la salinización de los acuíferos cercanos al litoral y la pérdida del caudal ecológico en muchos ríos. Además el exceso de fertilizantes altera la composición natural del suelo y los nutrientes sobrantes se filtran a las capas freáticas del subsuelo.


Principales cultivos

En la España de secano predomina la tradicional trilogía mediterránea (cereal, vid y olivo) a la que se han incorporado las leguminosas y los cultivos industriales. En el regadío los cultivos más importantes son los hortofrutícolas.

Cereales. Estos cultivos herbáceos se destinan principalmente a la alimentación humana (trigo y arroz). Otras usos, crecientes en los últimos tiempos, son la elaboración de piensos para animales (cebada, maíz, avena, centeno) y la obtención de biocarburantes (cebada y trigo).

El área de cultivo se centra principalmente en los secanos de la España interior, sobre todo en Castilla y León y Castilla-La Mancha (trigo), donde rotan con barbecho o leguminosas. El arroz y el maíz, muy exigentes en agua, se localizan en la litoral de Valencia y en el delta del Ebro (arroz) y en Galicia (maíz).

Leguminosas. Alubias, habas, lentejas, garbanzos son cultivos herbáceos que se dedican a la alimentación humana y a la elaboración de piensos. La rotación cereal-leguminosas explica que coincidan en las mismas áreas de cultivo. Las leguminosas actúan como semibarbecho y ayudan a recuperar la fertilidad del suelo gracias a que sus raíces fijan el nitrógeno del aire a la tierra.

Vid. La cosecha de este cultivo arbustivo sirve para el consumo de uva fresca y a la elaboración de vino.

El límite climático de la viña se sitúa en el sur de Galicia, Cordillera Cantábrica y Pirineos. Son grandes regiones vitivinícolas la zona meridional de Galicia, León y Salamanca (ribera del Duero), La Rioja, interior de Cataluña, La Mancha, Requena-Utiel en Valencia, Cádiz, Sevilla y Huelva en Andalucía. España es uno de los grandes productores mundiales de vino, además, cada vez de mejor calidad. La mayor parte de las hectáreas dedicadas a la viña se concentran en Castilla-La Mancha, y, especialmente, en el municipio de Tomelloso donde existe la mayor superficie dedicada al cultivo de la vid

Desde 1900 hasta 1940 la extensión del cultivo de la vid descendió porque hacían falta tierras para sembrar cultivos básicos, después de este periodo su cultivo volvió a aumentar llegando en la década de los 70 a un máximo histórico. En los años anteriores a la incorporación de España en la CEE, el Estado desmotivaba a los agricultores que querían sembrar vid porque el precio del vino era muy bajo. Con la incorporación a la CEE se optó por modernizar las viñas y elaborar producciones de calidad favorecidas por el auge de la demanda derivado del creciente poder adquisitivo y ell nivel de vida más alto de la población española.

Desde la incorporación a la CEE se ha reducido en más de medio millón de hectáreas la superficie dedicada al cultivo de la vid aunque este descenso no se ha dado por igual en todas las regiones, en algunas como la Rioja han visto aumentar el número de hectáreas dedicadas a su cultivo. La Política Agraria Común subvenciona la reducción de la superficie cultivada, fomenta el vino de calidad a través de las Denominaciones de Origen y prima que los excedentes se deriven a la destilación y a la elaboración de zumos.

Olivo. Este cultivo arbóreo destina la mayor parte de la cosecha a la producción de aceite (90%) —de la que España es el principal productor mundial— y el resto al consumo fresco o enlatado de aceitunas.

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El olivo es muy resistente a la sequía, requiere temperaturas suaves y poca humedad. Se cultiva al sur del Sistema Central, en el valle del Ebro y a lo largo del litoral mediterráneo hasta la frontera portuguesa. Andalucía, Extremadura, Castilla La Mancha, Lérida, Tarragona, este de Teruel y de Zaragoza, y norte de Castellón son las grandes regiones aceiteras.

Cultivos hortícolas y árboles frutales. Sus áreas de producción son los regadíos del litoral mediterráneo, las islas Baleares, el valle del Ebro (Navarra, La Rioja, Aragón), el valle del Guadalquivir y las islas Canarias. También se incluyen algunos cultivos de secano como el almendro y el manzano (este requiere mayor humedad y temperaturas más frías). La producción se destina al consumo en fresco y a la industria conservera.

En los cítricos (naranja) destacan las tres provincias valencianas, Murcia, Almería y Tarragona. Las naranjas suponen entre un 39% y un 45% de las exportaciones agrarias españolas, dato que sitúa a España entre los mayores exportadores mundiales de cítricos.

En Murcia y Almería destaca el cultivo en invernadero. Este tipo de agricultura es el único subsector agrícola que atrae población activa ya que necesita mucha mano de obra. La producción hortícola se destina principalmente a la exportación, mayoritariamente a los países europeos.

En las islas Canarias predomina el cultivo del plátano, que llega a ser un monocultivo con elevados beneficios, aunque por su localización tiene un grave problema: los escasos recursos hídricos.

Cultivos industriales. Se trata de cultivos de regadío que se utilizan como materias primas en la producción industrial. Es el caso del girasol (pienso, biodiésel), el algodón (tejidos), el tabaco (industria tabaquera) y la remolacha (azúcar y bioetanol).

Cultivos forrajeros. Se destinan a la alimentación del ganado: alfalfa, maíz forrajero y veza. Se cultivan en los secanos de la Meseta norte y en las zonas de regadío.


La ganadería

La ganadería tradicional completa la actividad agraria y los ingresos del campesino y le aporta alimentos (carne, leche, huevos). Es una ganadería extensiva en la que el ganado se alimenta de pastos naturales en la España húmeda (norte peninsular y áreas de montaña), en las penillanuras salmantina y extremeña y de rastrojos en el resto del país. Requiere escasas inversiones en mano de obra y capital de manera que su productividad es baja.

La ganadería moderna o industrial es una *ganadería intensiva, gestionada como una empresa capitalista y una producción orientada hacia los mercados, con altas inversiones y elevados rendimientos. Estas granjas encierran y estabulan el ganado. Esta modalidad ganadera puede provocar una serie de problemas medioambientales y de salud pública debido a que los animales se alimentan con pienso, pueden ser estabulados en condiciones de insalubridad, el engorde ilegal se hace con antibióticos y hormonas, y los purines (desechos) contaminan los suelos donde se depositan. Cada pollo produce entre 10-17 kg. de estiércol al año y los pavos alcanzan hasta 37 kg./año. (Los datos estadísticos sobre la situación de la ganadería española proceden del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente: http://www.magrama.gob.es/es/ministerio/servicios/informacion/plataforma-de-conocimiento-para-el-medio-rural-y-pesquero/observatorio-de-tecnologias-probadas/sistemas-prodnut-animal/)

Desde que España se incorporó a la CEE la producción cárnica no ha dejado de aumentar, aunque no ocurre lo mismo en la producción lechera, ya que en este sector las cuotas de producción que asigna la Unión Europea son más estrictas para nuestro país.

La ganadería intensiva necesita estar cerca de industrias agroalimentarias. Funciona por el sistema de integración, que consiste en que grandes empresas agroalimentarias aportan la materia prima (lechones, pollitos\ldots) y los piensos, mientras que el ganadero pone el establo y el trabajo.

El sector porcino es el más importante de España. Produce anualmente cerca de 3,5 millones de toneladas de carne de cerdo, la mayor parte destinadas al consumo en fresco en el mercado nacional y un tercio a la exportación. Las granjas se concentran en Cataluña, Aragón y Castilla León. Destaca la cría de cerdo ibérico, una raza autóctona de la península Ibérica, en las provincias de Salamanca, Cáceres, Badajoz, Huelva y Córdoba; una parte mantiene la tradicional práctica ganadera extensiva y sigue pastoreando por las dehesas pobladas de encina, alcornoque y quejigo, en la actualidad el cerdo ibérico también se estabula en granjas donde se le alimenta con pienso.

Los productos cárnicos provienen en un 50% del ganado porcino, 25% del aviar y el resto del bovino y ovino. Los productos lácteos son, en su mayoría, de origen bovino.

La ganadería bovina o vacuna (vacas, toros y bueyes) se dedica principalmente a la producción de carne y de leche. Se cría en régimen extensivo en el norte peninsular, las áreas de montaña y las dehesas salmantinas y extremeñas; en régimen intensivo cerca de los grandes núcleos urbanos y de las plantas productoras de forrajes de Castilla y León, Aragón, Cataluña y Andalucía. Es el segundo sector ganadero en importancia económica: en 2008 supuso el 16% de la producción ganadera final española, el 6% de la carne de vacuno en la Unión Europea y el 3% de la producción láctea.

El ganado ovino (ovejas y corderos) proporciona carne y leche para el comercio minorista y la industria agroalimentaria y, en menor medida, lana para el sector textil. Se localiza en zonas de secano del interior peninsular donde predomina la explotación extensiva, con zonas en las que se sigue practicando la trashumancia, una modalidad tradicional en la que el ganado se desplaza en busca de los pastos de las montañas en verano y regresa a los valles y al sur en invierno. La Unión Europea promueve, a través de subvenciones, el mantenimiento de la ganadería extensiva por los beneficios sociales y ecológicos que aporta al espacio rural.

Las grandes inversiones en avicultura (cría de pollos, gallinas, pavos y patos) han situado a España como el cuarto país productor de la Unión Europea. La producción se destina a puesta (huevos) y carne. El censo agrario de 2008 contabilizaba más de 40 millones de gallinas ponedoras en las granjas avícolas que se concentran en las dos Castillas, Cataluña y Comunidad Valenciana. La carne de ave, la más consumida en fresco, se obtiene en explotaciones intensivas localizadas en Cataluña, Comunidad Valenciana y Andalucía. La alimentación de los animales proviene de piensos elaborados con cereales y soja.

Otros sectores ganaderos de menor importancia son el caprino (producción de carne, leche y piel de cabra) y la cunicultura (cría de conejos para carne, producción de piel y pelo).


Explotación forestal

La explotación económica se centra en las superficies forestales en manos privadas (dos tercios del total). El resto son montes de propiedad pública (Estado, Comunidades Autónomas y ayuntamientos) en los que se desarrollan políticas de conservación forestal.

En la agricultura tradicional, la silvicultura completaba la economía del campesino quien obtenía productos del bosque tales como leña, madera, resinas, corcho (de la corteza del alcornoque), la corteza del roble (curtiente para el cuero y las pieles), la miel y la cera de abejas.

En la actualidad los bosques suministran madera para las industrias de la construcción, del mueble y del papel. A pesar del fomento de especies de crecimiento rápido (pinos y eucaliptos), España es deficitaria en la producción de madera y debe importar casi el 25% del consumo. En Galicia se obtiene la mitad de la producción, el resto proviene de la Cordillera Cantábrica y las áreas montañosas de Castilla y León. Las importaciones llegan de países tropicales (Brasil, Congo) y nórdicos (Rusia, Canadá) en los que una parte de la producción se originan en talas ilegales.

La deforestación o tala indiscriminada de árboles genera problemas medioambientales como la destrucción del suelo, la extensión de la erosión y la desertificación. La Política Agraria Comunitaria ayuda en la recuperación del espacio forestal al fomentar la repoblación y los usos tradicionales y modernos (turismo y prácticas recreativas ecológicas o sostenibles) de los bosques.

Otros productos del bosque son las resinas utilizadas en la elaboración de disolventes y el corcho en la fabricación de tapones y aislantes. Ambos se enfrentan a la competencia de los productos sintéticos que se obtienen en la industria química.

Industria agroalimentaria

La creciente demanda urbana de alimentos ha favorecido el desarrollo de la industria agroalimentaria. La transformación agroindustrial absorbe más del 65% de la producción agrícola y pesquera. Esta industria se localiza cerca de las zonas de cultivo:

  • Industria de conservas vegetales: en las huertas de Navarra, La Rioja, Valencia y Murcia.
  • Industria de vinos y licores: Andalucía, las dos Castillas y La Rioja.
  • Industrias cárnicas: ganadería en las dehesas de Castilla León y Extremadura.
  • Industrias aceiteras: en los olivares de Andalucía, Extremadura y La Mancha.
  • Industrias lácteas: en las zonas de ganadería bovina de Galicia y las dos Castillas.
  • Industrias galleteras: en Castilla-León, vinculadas a los campos de cereales.

Turismo rural

Una de las tendencias actuales de la economía española es el auge del turismo rural, que se desarrolla en zonas deprimidas y en retroceso demográfico del interior de España. Ayuda a paliar el despoblamiento de las áreas agrarias y aporta unos ingresos complementarios a la población. Esta actividad turística facilita que antiguas casas rurales sean rehabilitadas por sus dueños y se destinen a usos residenciales y de hostelería para los turistas.

Una forma peculiar de turismo rural es la caza. La actividad cinegética genera elevados ingresos en los cotos de caza y los establecimientos hoteleros que ofrecen servicios a los cazadores. Destacan los montes de Toledo en Castilla La Mancha, Sierra Morena en Andalucía y Extremadura.


Paisajes agrarios españoles

Según el relieve y el clima, se distinguen cuatro paisajes agrarios en la península: en la España húmeda, la agricultura mixta con ganadería; en las zonas altas de los grandes relieves montañosos, la agricultura de montaña; el paisaje de secano predomina en el interior peninsular (Meseta y valle del Ebro) y en el litoral mediterráneo aunque, en torno a los ríos y acuíferos, aparece un paisaje de regadío. Las islas Canarias, situadas en latitudes subtropicales presentan un paisaje singular.

Agricultura mixta con ganadería de la España húmeda

Se localiza en Galicia y en la cornisa cantábrica. Los campos de labor ocupan los fondos de valle, las marinas de litoral y las onduladas planicies de Galicia. La litología silícea —de escasa fertilidad— en el sector occidental, el lluvioso clima oceánico y el relieve litoral cortado por la Cordillera Cantábrica apenas existe una agricultura de baja productividad. Más fértil es el roquedo calizo del sector cántabro y vasco.

Debido al predominio de los espacios de pastos y prados asociados al arbolado —natural (robledales y hayedos, sobre todo) o de repoblación (con pinos y eucaliptos)— que ocupa grandes extensiones y se hace dominante en las sierras y macizos, la actividad más importante es la ganadería. Además del clima influye la creciente demanda urbana de leche y carne. La agricultura es complementaria, tradicionalmente ha sido policultivo de subsistencia pero en la actualidad tiende a especializarse en cultivos de huerta y forrajes (alfalfa, trébol, maíz forrajero) relacionados con el desarrollo de la actividad ganadera.

La población activa es reducida, muy envejecida, en retroceso continuo por el éxodo rural y la escasa fertilidad de la tierra. Se dan tanto el hábitat disperso como las pequeñas aldeas y pueblos.

Predomina la pequeña propiedad e incluso el microfundio (en Galicia) de explotación directa. En muchos casos un campesino posee varias parcelas, separadas por setos y vallas, alejadas entre sí de manera que se reduce la rentabilidad y la mecanización. Durante las últimas décadas se ha puesto en marcha un proceso de concentración parcelaria para solucionar este problema de dispersión.

Paisaje agrario de montaña

El medio físico presenta condiciones extremas para la vida humana y las actividades agropecuarias. El relieve de elevadas altitudes, montañoso, con fuertes pendientes, climas fríos y precipitaciones abundantes, en forma de nieve, dificulta la ocupación humana.

Se localiza en zonas altas del Macizo Galaico, Montes de León, Cordillera Cantábrica, Pirineos, Sistema Ibérico, Sistema Central y Cordilleras Béticas.

Son pequeñas propiedades minifundistas de explotación directa en las que se obtiene un policultivo de subsistencia. Presenta una morfología de campos cerrados, con terrazas abancaladas que protegen el suelo contra la erosión y la escorrentía de las aguas de lluvia. Predominan los espacios de montes y praderas, muchos de titularidad municipal que son utilizados por los vecinos.

Los usos del suelo se escalonan según los factores de relieve y clima. En el fondo de los valles se desarrolla la agricultura, la explotación forestal en los bosques de las vertientes montañosas —aunque en la costa mediterránea y sur peninsular también acogen cultivos de almendros y olivos en bancales y terrazas— y la ganadería extensiva en las áreas de matorrales, prados y pastos de laderas y cumbres. En las montañas del norte aparece tanto ganado bovino como ovino y en la zona mediterránea, sin el piso supraforestal de pastos, domina la ganadería ovina.

La explotación forestal es importante en las áreas del norte donde el eucalipto, el castaño y el pino se destinan para la fabricación de madera y papel.

La población tiene densidades muy bajas y una fuerte tendencia emigratoria. El poblamiento era tradicionalmente disperso en pequeños núcleos localizados en laderas y fondo de los valles. En la actualidad tiende a concentrarse en las aldeas y pueblos más grandes.

 

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Paisajes agrarios del interior peninsular

Comprende ambas Mesetas y la depresión del Ebro. El medio físico se caracteriza por un relieve llano (de elevada altitud media en la Meseta), un clima mediterráneo de interior o continental (escasez de precipitaciones y acusados contrastes térmicos estacionales). Domina la litología primaria en la Meseta occidental, cuaternaria en el valle del Ebro y la Meseta oriental.

El secano aparece en los páramos y campiñas meseteñas, y en las áreas no regadas del valle del Ebro. Se trata de una agricultura extensiva en campos abiertos basada en la trilogía mediterránea (cereal, vid, olivo). En la Meseta norte predomina el cultivo de cereal y la vid. Extremadura y La Mancha son importantes regiones vitivinícolas.

El regadío, en torno a las vegas de los ríos, producía tradicionalmente hortalizas para el autoconsumo y los mercados locales. En la actualidad, la extensión de la superficie regada y la gestión intensiva de las explotaciones ha diversificado los cultivos y ha orientado la producción a la industria agroalimentaria y al mercado nacional y de exportación: plantas industriales como la remolacha de azúcar, el lúpulo y el tabaco; forrajes para la alimentación del ganado (alfalfa y maíz); frutas y hortalizas para una floreciente industria conservera en tierras riojanas, navarras y aragonesas del valle del Ebro.

La ganadería extensiva tiene importancia en los secanos y las dehesas. Los secanos castellanos y de la depresión del Ebro mantienen una importante ganadería ovina que pasta en los rastrojos. En Castilla y León han aumentado los ganados porcino y bovino gracias a los cultivos forrajeros de los regadíos.

En las dehesas de Zamora, Salamanca y Extremadura se ha desarrollado tradicionalmente una importante actividad ganadera gracias a los pastos naturales que alimentaban al ganado ovino y porcino. En la actualidad, algunas dehesas se han puesto en cultivo y otras se han destinado a las actividades cinegéticas.

Paisajes agrarios mediterráneos

Aparece en el litoral y prelitoral mediterráneo, el valle del Guadalquivir y las islas Baleares. El relieve se caracteriza por la llanura en la costa y en las campiñas del río Guadalquivir y la montaña de mediana altura en el interior (Sistemas Béticos, Cadena Litoral Catalana, Sistema Ibérico). El clima mediterráneo litoral presenta precipitaciones escasas, concentradas en los equinocios, y temperaturas suaves de poca amplitud térmica anual.

La población agraria ha descendido durante la segunda mitad del siglo XX debido al éxodo rural. Alternan espacios de poblamiento disperso (masías, cortijos, barracas\ldots) y concentrado en pueblos y aldeas.

Predominan las explotaciones extensivas de tamaño medio y grande en las zonas de secano —y el latifundio en Andalucía occidental— y el minifundio en el regadío.

El secano, que se extiende por la mayor parte del territorio, se basa en los cultivos propios de la trilogía mediterránea y el almendro.

El regadío —favorecido por la temperaturas suaves, la elevada insolación y la fértil litología arcillosa— aparece en torno a los ríos (Ter, delta del Ebro, Júcar, Turia, Júcar, Segura, Guadalquivir) y las zonas de acuíferos en la costa de Andalucía oriental. Se cultivan productos hortícolas, tanto al aire libre como bajo plástico, árboles frutales (cítricos, melocotoneros, manzanos, perales) y, en las hoyas de Málaga y Granada, productos tropicales como la chirimoya y el aguacate.

La ganadería bovina y porcina intensiva predomina en Cataluña debido a la demanda urbana, mientras que el ganado ovino pasta en los rastrojos y monte bajo de las áreas de secano.

Paisaje agrario canario

La localización geográfica del archipiélago y el origen volcánico de las islas confieren unos rasgos específicos al paisaje canario.

Como en el resto de España, la población rural está en retroceso debido a la atracción que ejercen las actividades del sector terciario relacionadas con el turismo. El poblamiento se caracteriza por pequeñas agrupaciones de casas y aldeas diseminadas.

La aridez condiciona y explica los secanos cerealistas esporádicos y los extensos eriales y pastizales de Fuerteventura, de buena parte de Lanzarote y, en general, de las rampas y llanos de sotavento de Gran Canaria y Tenerife.

Con agua, tanto en las medianías de barlovento, como en fondo y vertientes de los barrancos, cuidadosamente abancaladas, domina el cultivo del plátano en las zonas bajas y por encima de los 400 m, un policultivo de papas, forrajes, cereales y hortalizas.

En las áreas litorales regadas —en el fondo y las vertientes de barlovento de los barrancos, cuidadosamente abancaladas— predomina el monocultivo orientado a la exportación (plátano, tomate, patata), los cultivos bajo plástico (pepino, pimiento, flores) y las nuevas plantaciones tropicales (papaya, mango, piña, aguacate). Las zonas medias y altas del interior de las islas presentan una agricultura tradicional de secano de cereal, vid y patata.

Otras actividades minoritarias son la ganadería (ovina y caprina) y la explotación forestal del pino y del bosque de laurisilva.


El espacio pesquero

Introducción

El espacio pesquero español, es decir, el caladero nacional donde los barcos lanzan o calan las redes para faenar, se extiende desde la costa hasta las 200 millas naúticas. Incluye tanto las aguas jurisdiccionales (hasta las 12 millas) como una parte de aguas internacionales en las que un país establece una Zona Marítima Exclusiva (hasta las 200 millas) con derechos exclusivos de pesca que impiden el trabajo a barcos foráneos.

Otros caladeros en los que faena la flota española son los comunitarios —de otros países de la Unión Europea— y los internacionales en los que la Comisión Europea se encarga de negociar y gestionar los tratados de pesca; destacan los situados en el océano Atlántico, a lo largo de las costas americanas y africanas, también llegan buques de pesca españoles a los caladeros del océano Índico.

Se distingue entre pesca de bajura y de altura. La pesca de bajura se realiza próxima a la costa, hasta un máximo de 60 millas, con métodos tradicionales, pequeños barcos y durante periodos laborales no superiores a un día; en la actualidad la modernización de este sistema pesquero permite fletar barcos y tripulaciones mayores, faenando hasta diez o quince días en el mar.

La pesca de altura se practica en alta mar, durante varios días o incluso meses. Se utilizan grandes barcos congeladores equipados con técnicas avanzadas para conservar el pescado y detectar los grandes bancos de pesca.

Estructura económica pesquera

Regiones pesqueras españolas

El litoral se estructura en ocho regiones pesqueras: cantábrica, noroeste, sur atlántica, sur mediterránea, levantina, tramontana, balear y canaria.

La *región Noroeste comprende la costa de Galicia, desde la desembocadura del río Eo (entre Galicia y Asturias) hasta el Miño. Es la zona más importante debido al volumen de pesca desembarcada y a la existencia de una flota congeladora y bacaladera. A su alrededor se sitúan los principales astilleros y las industrias conserveras. Destaca el puerto de Vigo.

El litoral de Asturias, Cantabria y País Vasco forma la\textbf{ región Cantábrica. Es la segunda en tonelaje de pesca desembarcada. Destacan los puertos de Pasais, Ondarroa, Bermeo, Donostia-San Sebastián y Gijón.

La región Sur atlántica, en las costas andaluzas de Cádiz y Huelva, se caracteriza por el desembarco de pesca de gran valor económico como cigalas, langostinos y gambas en puertos como Cádiz, Huelva y Algeciras.

El agotamiento de los caladeros nacionales, el declive de la pesca tradicional y el crecimiento de la actividad turistíca ha afectado especialmente a las regiones de \textbf{Tramontana (costa de Cataluña, y de Valencia hasta el cabo de La Nao), de Levante (litoral valenciano al sur del cabo de La Nao, murciano y almeriense hasta el cabo de Gata), \textbf{Balear y Sur mediterránea (litoral andaluz, entre el cabo de Gata y el estrecho de Gibraltar).

La región Canaria cuenta con los puertos de Las Palmas y Arrecife de donde parten barcos para pesca de altura en las costas africanas.

El peso de la pesca en la economía española

El consumo de pescado en España apenas supone el 4% del gasto total en bienes y servicios. La aportación de la actividad pesquera al PIB es de un escaso 0,5%, que asciende hasta el 1,1% si se incluye la comercialización y transformación industrial.

La población activa que trabaja en el sector pesquero era de 57.000 personas en el año 2002, la mitad de los pescadores que faenaban treinta años antes; en 2007 la cifra seguía disminuyendo y eran apenas 52.600 trabajadores. En 2013 suponían tan solo el 0,13% de la población activa. Esta reducción se debe a las dificultades crecientes para acceder a los grandes caladeros internacionales, a la mecanización del trabajo en grandes buques, a la reducción de las licencias de pesca y a la Política Pesquera Común que desarrolla la Unión Europea.

En la década de 1970 la flota pesquera española presentaba un tamaño excesivo, con buques de gran antigüedad y pequeño tonelaje, obsoletos y dedicados en especial a la pesca artesanal. Esta situación se agravó con la crisis del petróleo de 1975 —que encareció los combustibles— y la implantación de las Zonas Económicas Exclusivas de Pesca en 1982 que expulsó a gran número de barcos españoles de los caladeros internacionales, donde, hasta ese momento, habían tenido libertad para faenar, en especial las costas del norte de África (Marruecos, Sáhara y Mauritania).

Tras la entrada de España en la Unión Europea (1986) se inició un proceso de reconversión del sector pesquero centrado en tres objetivos: reducción y modernización de la flota, adaptación a las normativas europeas y diversificación económica de los espacios pesqueros (incorporando actividades económicas relacionadas con el turismo, la pesca deportiva y fomentando la acuicultura).

Impacto de la entrada en la Unión Europea.

Desde la entrada de España en la Unión Europea (1 de enero de 1986), se ha reducido la flota pesquera en un 50%, la cantidad de capturas también ha descendido pero en menor medida, entre un 20% y un 25%. Como existe un peligro real de que los caladeros se agoten, España y todos los países de la Unión cada vez tendrán menos barcos. La sobreexplotación se debe, en primer lugar, al exceso de capturas que supera la capacidad de reproducción de las especies, una situación que agota las poblaciones de peces (afecta al 80% de las mediterráneas y al 47% de las atlánticas) y pone en peligro el ecosistema marino. En segundo lugar, la sobrepesca deriva del uso de artes de pesca que causan un impacto negativo en los ecosistemas marinos. Determinadas prácticas pesqueras facilitan la captura incidental de especies sin valor económico (cetáceos, tortugas) que se desechan e incrementan la cantidad de alimento disponible para aves carroñeras, la pesca excesiva de depredadores (atunes y tiburones) destruye el equilibrio
en el ecosistema y favorece la proliferación de especies situadas en los niveles inferiores de la cadena trófica.

La Unión Europea regula el sector pesquero mediante la Política Pesquera Común (La información sobre la Política Pesquera Común procede de la Dirección General de Asuntos Marítimos y Pesca de la Comisión Europea: http://ec.europa.eu/fisheries/index_es.htm) y se encarga de firmar acuerdos de pesca con terceros países y negociar con otros Estados las licencias de pesca en los caladeros internacionales.

La Política Pesquera Común —puesta en marcha desde 1982— gestiona la pesca en beneficio tanto de los pescadores como de los consumidores con el objetivo de conseguir la conservación y protección de los recursos pesqueros: prohíbe la pesca de tallas mínimas, establece paros biológicos y restringe el uso de las artes de pesca más indiscriminadas. También establece cupos de captura para cada especie y los distribuye entre los países comunitarios, regula los procesos de transformación y comercialización de los productos de la pesca y la acuicultura, ayuda a la industria pesquera y acuícola a adaptarse a las condiciones del mercado y a la escasez de recursos pesqueros.

Para el periodo 2007-2013 se estableció un Fondo Europeo de Pesca (sustituyó al IFOP que estuvo en vigor hasta 2006) mediante el que la Unión Europea destinaba una parte del presupuesto comunitario para modernizar la flota, otorgar ayudas destinadas a la reducción definitiva de la flota que queda obsoleta por la antigüedad y el retraso tecnológico mediante el desguace de buques. Este Fondo también se encargaba de mejorar las infraestructuras portuarias, las estructuras de comercialización y transformación, la promoción del sector de la acuicultura y financiar la investigación en técnicas de pesca más compatibles con el medio ambiente.


Actividades económicas en el espacio pesquero

Consumo de pescado fresco

El destino principal de la pesca es el consumo en fresco. Llega al consumidor a través de los canales de comercialización que permiten el desplazamiento del pescado desde el buque hasta el mercado. Entre productor y consumidor la cadena empieza con el armador del barco pesquero, continúa en el puerto y la lonja donde los exportadores —si comercian con el extranjero— o los mayoristas nacionales compran al por mayor y suministran el producto a los minoristas que venden al detalle —en pequeñas cantidades— al consumidor final.

Transformación industrial de la producción pesquera

Además del consumo directo de pescado fresco existe un sector de la industria alimentaria que se dedica a la transformación de la pesca. En la actualidad, el desembarco de pescado fresco supone el 60% y el congelado aumenta su importancia hasta un 40%. Los métodos tradicionales de secado (salazón, ahumados, escabechado) retroceden frente a los procesos de enlatado para conservas (conservación anaeróbica en recipientes herméticamente cerrados) y la congelación.

El proceso de la congelación se inicia con la limpieza y extracción de las vísceras y su inmediata conservación en cámaras frigoríficas a temperaturas de –40º C; el traslado hasta el consumidor final se debe realizar en recipientes cuya temperatura no ha de bajar de los –20\textdegree C con el fin de impedir que se rompa la cadena de frío (descongelación y nueva congelación), pues provocaría serios problemas sanitarios.

Los desechos de vísceras, el pescado en mal estado y algunas especies específicas como la anchoveta se destinan a la transformación en harinas para la alimentación del ganado.


Acuicultura: las piscifactorías

De acuerdo con la Organización de Naciones Unidas, responsable de la Alimentación y la Agricultura (FAO), la acuicultura se define como “el cultivo de organismos acuáticos, incluyendo peces, crustáceos, moluscos y plantas acuáticas”. En España se crían peces, moluscos (mejillón, ostra y almejas) y crustáceos (los langostinos, la langosta, el bogavante, el camarón y distintos tipos de cangrejo). La acuicultura de agua dulce produce truchas y crustáceos así como huevos y alevines para la repoblación. En la acuicultura de aguas marinas destacan la dorada, el salmón, el rodaballo, la lubina y el atún, también los langostinos y los moluscos. Se les alimenta con piensos elaborados a partir de harinas y aceites de pescado —también de origen vegetal y animal— que cumplen las estrictas normativas de seguridad alimentaria y sanitaria de la Unión Europea. (Los datos sobre la acuicultura proceden del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente; se pueden consultar en http://www.magrama.
gob.es/es/pesca/temas/acuicultura/) y de la publicación La acuicultura en España 2013, FOESA, 2013, 97 páginas http://www.fundacionoesa.es/images/stories/publicaciones/libros/acuicultura_en_esp2013.pdf)

Según datos de la FAO, en el año 2011 la acuicultura mundial produjo 83,7 millones de toneladas de productos acuáticos frente a las 94,6 millones de toneladas capturadas por la pesca. Considerando que 24 millones de toneladas de la pesca no van destinados a consumo humano directo, la acuicultura provee más alimento a la humanidad que la pesca. China es el mayor productor mundial (50 millones de toneladas).

España se sitúa como el undécimo país productor (271.963 toneladas): emplea 27.180 personas en 5.120 establecimientos en los que se cultivan sobre todo mejillones (212.556 toneladas), dorada, trucha y lubina. Dispone de las condiciones adecuadas para la acuiltura: casi 8.000 km. de costa, nueve grandes ríos, numerosos cursos fluviales y una capacidad de agua embalsada superior a los 55.000 hm$^3$, además de una orografía y diversidad de climas.

Los establecimientos de acuicultura están diseñados y construidos para adaptarse a las necesidades de las especies y a las condiciones del medio físico:

En tierra firme (agua dulce). Consisten en establecimientos construidos en obra sobre los márgenes de los ríos de los que aprovechan la circulación natural del agua.

En tierra firme (agua salada). Las instalaciones, construidas en obra sobre tierra firme, obtienen el agua mediante bombeo desde captaciones en el mar.

En playa, zona intermareal y marismas. El cultivo se realiza con una mínima intervención física sobre el medio. Es el caso de la producción de almejas u ostras en zonas de playa o áreas intermareales en las que los animales son depositados directamente sobre el sustrato. Es también el tipo de granjas localizadas en estanques excavados en la tierra en antiguas zonas salineras o en marismas.

En el mar, en bateas y \textit{long-lines. Se trata de estructuras flotantes, rígidas en el caso de las bateas y flexibles en el de los long-lines. Ambas sirven para la producción de moluscos bivalvos, principalmente mejillones

En el mar, en viveros o jaulas. Estos establecimientos consisten en aros de plástico rígido que dan soporte y flotación a bolsas de red en el interior de las cuales se crían peces como la dorada, la lubina o la corvina.

Acuicultura en la Unión Europea.

La producción acuícola europea ha descendido un 12% desde 1999 a pesar del incremento en el consumo de estos productos durante el mismo periodo. Esta situación se compensa con importaciones de pescado que generan un saldo comercial negativo anual de 10.500 millones de euros. En 2011 se cultivaron 1,26 millones de toneladas en la Unión Europea de las que la mitad se produjeron entre España (21,5%), Francia (17,8%) y Gran Bretaña (14%).

El Fondo Europeo de la Pesca (FEP) —el programa que ha financiado la Política Pesquera Común entre 2007 y 2013— otorgaba, en su eje prioritario 2, ayudas para el desarrollo de la acuicultura. Se centraban en inversiones que promoviesen formas de explotación ecológicas y sostenibles (aquellas que protegen y mejoran el medio ambiente), también financiaron la adaptación de las empresas a las demandas del mercado al primar la producción de especies con buenas perspectivas de venta. Las ayudas europeas fomentaron las medidas de salud pública, tanto en la fase de producción como de transporte y comercialización: prevención (evitar la entrada y avance de enfermedades), monitorización (seguimiento de las poblaciones en cría para detectar precozmente las enfermedades) y gestión del riesgo (conocer los puntos débiles del proceso). El nuevo Fondo Europeo Marítimo y de la Pesca (FEMP) continúa en la línea del anterior y establece como objetivo prioritario para el período 2014-2020 la promoción de una pesca y una acuicultura sostenibles y competitivas.