Explicaciones del nacionalismo

El historiador checo Miroslav Hroch utiliza la distinción entre nación política y nación cultural para comprender los dos tipos ideales de nacionalismo. En el nacionalismo político, la nación legitima la transformación del Estado feudal y absolutista de la Edad Moderna en un Estado liberal-democrático desde finales del siglo XVIII.

El nacionalismo cultural, en naciones sin Estado previo, acentúa los rasgos emocionales con el objetivo de crear conciencia nacional entre un grupo étnico ligado por elementos como la lengua, costumbres y tradiciones comunes. Es el caso de los movimientos nacionalistas del centro y este de Europa que lucharon, desde la segunda mitad del siglo XIX, contra los viejos imperios austro-húngaro, alemán y ruso que acabaron desapareciendo con la Primera Guerra Mundial y la Revolución Soviética.

Según la orientación política de los movimientos nacionalistas, se pueden distinguir:

  • Nacionalismo liberal-democrático, nacido de la Revolución Francesa y relacionado con la legimitación de los Estados-nación.

  • Nacionalismo conservador y reaccionario vinculado con los regímenes autoritarios y fascistas de la Europa de Entreguerras.

  • Nacionalismo revolucionario y radical ligado a los partidos marxistas y a los movimientos de liberación nacional de las colonias europeas en África, Asia y Oceanía de la segunda mitad del siglo XX.

Blas Guerrero en Nacionalismo y naciones Europa repasa los enfoques que intentan explicar el nacionalismo: uno como resultado de la modernización y el nacimiento del Estado liberal-democrático (B. Anderson, E, Gellner); otro centrado en las explicaciones ideológicas (E. Kedourie, I. Berlin); y un tercer análisis centrado en la perspectiva estrictamente política que interpreta la función del nacionalismo como un instrumento para legitimar bien un Estado existente o bien la conquista del poder político por nuevos agentes sociales.

1. Enfoque (sociológico) de la modernización

Benedict Anderson y Ernest Gellner analizan el fenómeno del nacionalismo desde la perspectiva de la Sociología funcionalista.

Para Anderson1, los procesos de modernización que impulsaron la industrialización, el éxodo rural y el cambio de la sociedad estamental a la sociedad de clases quebraron la lealtades tradicionales. El nuevo Estado liberal-democrático del mundo occidental creó nuevas formas de conciencia basadas en identidades nacionales. El nacionalismo se convierte así en la fuerza ideológica que da vida a la nueva comunidad, la nación, basada en lazos históricos, lingüísticos y culturales.

E. Gellner2 subraya el dato de que las sociedades tradicionales, agrarias, son incompatibles con las pretensiones del nacionalismo. Solamente el capitalismo industrial y el crecimiento económico moderno generan la necesidad de la nación como instrumento legitimador del Estado. Los campesinos que llegan a la ciudad, a los empleos industriales, reciben una educación por parte del Estado que tiene como finalidad construir y mantener un nuevo orden social de empresarios y trabajadores que no se cuestione por las clases bajas. Ese es el papel de la escuela y del maestro: transmitir un modelo homogéneo de cultura con el que se identifique la población y acepte, por tanto, el status quo: << En la base del orden social moderno no está ya el verdugo, sino el profesor>>.

2. Explicación ideológica

En este tipo de explicación encajan los estudios de H. Kohn, C. Hayes, E. Kedourie e I. Berlin.

El discurso nacionalista, según E. Kedourie, parte de la premisa de que la humanidad está dividida en naciones definidas por criterios culturales y que sólo las naciones pueden ser el soporte adecuado y legítimo de las organizaciones estatales. Aunque el nacionalismo surge con la Revolución Francesa, es la filosofía política alemana la que sienta las bases ideológicas. El principio de autodeterminación individual de Kant abre el discurso nacionalista de Herder, Fichte y otros autores que configuraron el nacionalismo orgánico alemán. Este concepto de la nación como ente biológico, que se define a partir de elementos culturales entre los que la lengua ocupa un lugar preeminente, se completa con la creencia de que sus miembros solamente alcanzan la libertad y la realización plena al servicio de la nación y de la necesaria organización estatal.

Isaiah Berlin centra su campo de estudio en el nacionalismo cultural. Para esta ideología será un axioma que los hombres pertenecen de modo natural a un grupo nacional cuyo modo de vida colectivo difiere de otros grupos. La realidad nacional se entiende como un organismo biológico en el que prevalecen los valores nacionalistas sobre el resto. El <<sentimiento herido>> del ataque a los valores de una sociedad tradicional es el motor de la respuesta nacional. Este ataque proviene de la revolución tecnológica, de la apertura y cierre de mercados, de las pertubaciones sociales que afectan a grupos determinados o a minorías educadas desplazadas por estos cambios sociales. Hace falta un grupo de personas que sean capaces de ofrecer una alternativa política: la << intelligentsia nacionalista>>.

Berlin reconoce que el desarrollo del nacionalismo se beneficia de los efectos creados por la destrucción de las viejas jerarquías sociales de raíz estamental, la racionalización industrial y burocrática, la pérdida de seguridad emocional en un mundo cambiante, y los procesos de alienación y anomia propios de la sociedad industrial en la que desaparecen los valores culturales, religiosos y políticos tradicionales.

El estudio de los movimientos nacionales

Los estudios de Miroslav Hroch (Social preconditions of national revival in Europe, 1965) sobre el nacionalismo checo se han centrado en las causas que explican el surgimiento de los movimientos nacionalistas basados en la idea de nación cultural y le han permitido establecer tres grandes fases de desarrollo de los nacionalismos:

  • Fase A: académica. Los activistas se dedican al estudio de la historia y de la realidad cultural del grupo étnico llamado a construir la nación.

  • Fase B: agitación patriótica. Los activistas pasan a la agitación patriótica con el fin de forzar el surgimiento de una conciencia nacional.

  • Fase C: movimiento de masas. Las reivindicaciones se extienden desde las élites a las masas. La homogeneidad se fragmenta en diversidad de grupos y partidos nacionalistas.

Hroch distingue dos modelos de nación:

  • Nación política. Un viejo Estado feudal, como Francia, que se transforma en un Estado moderno, de carácter liberal. Este cambio político, acompañado del desarrollo económico y social capitalista, sucede el mismo tiempo que se generaliza la conciencia nacional.

  • Nación cultural. Un grupo étnico mayoritario en un territorio del Estado desarrolla una conciencia nacional propia a partir de rasgos de identidad como la lengua local, demanda derechos civiles y autonomía política.

El éxito de los movimientos nacionales depende de factores de varios factores:

  • Existencia de antecedentes históricos de autonomía política. La memoria de la antigua independencia y la supervivencia de una lengua escrita son elementos que los ideólogos utilizan con habilidad reconstructura o imaginativa en la fase A.

  • Crisis de legitimidad [y de identidad] del Estado en el que se asienta la realidad cultural aspirante a nación. La solidez de ese Estado-nación junto con su capacidad integradora en el orden constitucional son los mayores obstáculos que se pueden dificultar el desarrollo de los nacionalismos culturales.

  • Tensiones sociales que se expresan a través de conflictos lingüísticos o culturales, por ejemplo entre campesinos del grupo nacionalista y propietarios de la etnia dominante.

3. La dimensión estrictamente política

El nacionalismo se constituye en una instancia privilegiada de legitimación del Estado existente o en el vehículo a través del cual nuevos agentes sociales pretenden llegar a la conquista del poder político en la forma de un nuevo Estado soberano.

Esta función de conquista del poder político subyace en los movimientos nacionalistas periféricos de los países desarrollados: Escocia, Gales, Cataluña, País Vasco, Flandes. Por ejemplo, hacer del nacionalismo vasco una reacción de una cultura amenazada tiene que enfrentarse con el dato de que ese movimiento nacionalista surge desde plataformas urbanas, en unos medios sociales burgueses y de clase media y contextos políticos caracterizados por intentos de comprensión y aproximación a las realidades culturales diferenciadas de la vida española: el segundo periodo de la Restauración, la segunda República y la Transición a la democracia.

El conflicto centro-periferia no tiene por qué llevar aparejado la existencia de opresiones o relaciones de desigualdad de carácter colonial. Resultan suficientes las tensiones generadas por una lucha por el poder, que se expresan por una de las partes mediante el recurso al nacionalismo. Las élites sociales, en su lucha por el poder y en defensa de sus intereses económicos y sociales, recurren a las reivindicaciones nacionalistas como instrumento para conseguir sus fines. Es el caso de la burguesía empresarial catalana que se enfrentaba al centro político ubicado en Madrid con el fin de conseguir poder político, al menos, en el territorio de Cataluña.

La idea de nación

En la conferencia ¿Qué es una nación? Ernest Renan indicó el componente dual de una nación. Por una parte, unos elementos objetivos (lengua, raza, religión, geografía, economía…) y por otro, unos factores subjetivos: la libre voluntad de los individuos que deciden pertenecer a la nación.

Blas Guerrero analiza la distinción entre dos modelos ideales de nación, una política y otra cultural.

Nación política.

Este modelo nace de la transformación del viejo Estado feudal en el Estado moderno, de carácter liberal-democrático. Este cambio político, acompañado del desarrollo económico y social capitalista, sucede el mismo tiempo que se generaliza la conciencia nacional.

La legitimidad de la monarquía (autoritaria y absolutista) y de los señores feudales sobre los campesinos desaparecen con la industrialización y las revoluciones liberales. Los ciudadanos, antes súbditos y vasallos, transfieren su lealtad hacia el Estado liberal que les ofrece una seguridad y una nueva identidad (la nación) en un mundo en el que las viejos valores y lealtades desaparecen.

La comunidad política, el Estado, es una organización utilitaria construida para conseguir fines económicos y políticos. El Estado garantiza la ley, el orden y la paz como instrumentos que se convierten en la bases del bienestar material. Por otra parte, el Estado liberal a lo largo del siglo XIX elimina el papel de los patronos locales y regionales y los sustituye por representantes del Estado a la vez incrementa de forma paulatina la participación política de los ciudadanos.

Los Estados más antiguos de Europa (Francia, España, Gran Bretaña) son ejemplos de esta evolución hacia Estados-nación de carácter liberal-democrático.

Nación cultural.

La tradición nacionalista de base alemana apostará por una interpretación del hecho nacional en clave de nación cultural a partir de las obras de Herder y Fichte.

Herder combina su adscripción al racionalismo ilustrado con una vocación filorromántica, partidaria de un vago historicismo y un relativismo cultural en el que cada nación tiene su modo de entender la felicidad. Busca las raíces de la nación en la Edad Media, el cristianismo, el orden feudal y las particularidades culturales que se mantienen en el folklore y el habla del pueblo, elementos ignorados por el cosmopolitismo del siglo XVIII.

A pesar de los componentes humanitarios y pacificistas presentes en la obra de Herder como son el desprecio por el militarismo prusiano o el valor intrínseco de toda lengua y cultura, serán otros elementos ideológicos los que tendrán fuerte predicamento en el nacionalismo alemán; por ejemplo, la confianza en la futura grandeza germánica, el entusiasmo por la lengua alemana y la visión de Alemania como garante de una vida europea digna en contraste con la vulgaridad y la superficialidad de la cultura francesa.

La obra de Fichte, en especial sus Discursos a la nación alemana, suponen un avance en la definición del nacionalismo orgánico alemán y en la construcción de una idea de nación cultural. En el contexto de las guerras napoleónicas, exalta la cultura germánica, manifiesta desprecio hacia Francia y considera que Alemania debe asumir el papel de guía de Europa. En esta filosofía política de carácter totalitario se hallan las raíces de la pureza racial y la superioridad alemana: <<Toda nación quiere extender su dominio propio tan lejos como pueda y[…] anexionarse toda la especie humana […] en relación con otros Estados, no hay ley ni derecho, excepto el derecho del más fuerte>>.

El protagonista de la nación es la etnia, los derechos de la nación no se derivan de los ciudadanos que la integran sino que se deducen del organismo <<vivo y eterno>> que es la nación de base cultural.

Límites de la distinción.

Estas dos clases de nación son tipos ideales que en la realidad se entremezclan. Así las naciones políticas se proyectan sobre las realidades culturales; a su vez los nacionalismos culturales tienen como objetivo final convertirse en naciones políticas, con una organización política propia.

La complejidad del hecho nacional se manifiesta en uno y otro tipo de nación pueden coincidir en el mismo territorio. En suelo francés se encuentran la nación jacobina o girondina surgida de la Revolución Francesa junto a los nacionalismos periféricos, de base cultural, como son el bretón, el vasco, el occitano y el alsaciano. Igual sucede en España: junto a la nación española, en los territorios catalán, vasco y gallego se han desarrollado nacionalismos que defienden otras realidades nacionales diferentes.